
Ojalá me miraras así
No sé qué hiciste para gustarme tanto. Tal vez fue aquella mañana en que me pediste los apuntes de Matemáticas. Cuando fui a entregártelos, pusiste tu mano sobre la mía

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En agosto de 1985, la neblina descendía sobre Mucuchíes poco antes de las seis y borraba lentamente las montañas. Las calles olían a leña, a pan dulce y a

El verano en Choroní olía a cacao tostado, sal y mangos abiertos contra las piedras. A las cuatro de la tarde, cuando el sol descendía detrás de la montaña

Por Iraidy Agüero. Era jueves por la noche. Hacía un calor infernal que me hacía sudar en zonas inimaginables, dejándome una sensación de fealdad, brillante y grasienta como una tajada.

Biviana Ramos Era una madrugada fría, tan fría como el reloj que me despierta de un profundo sueño, cuando el repique de las campanas me extrae del maravilloso mundo —ese

Nunca pensé que desaparecer fuera tan silencioso. No hay un sonido que anuncie el principio. No hay una grieta en el aire, ni un relámpago que advierta el final. Es

El tren avanzaba bajo Manhattan como un animal viejo que conoce de memoria cada curva. A esa hora de la mañana los vagones se llenaban de estudiantes, trabajadores somnolientos y

La noche llegó antes que el sueño. No porque el sol se apagara, sino porque el ruido lo empujó lejos. Primero fue un estruendo que hizo temblar el suelo, luego

Nueva York no es una ciudad que abrace a quien llega. Primero observa, luego prueba, y solo con el tiempo decide si te deja quedarte. A Daniela Suárez le tomó