
El Gobierno anunció que El Helicoide sería transformado en un espacio cultural, deportivo o de servicios sociales. Durante años, organismos internacionales y antiguos detenidos han identificado ese lugar como uno de los principales centros de reclusión política y han denunciado torturas, tratos crueles y detenciones arbitrarias.
Convertir El Helicoide en un centro cultural sin preservar la memoria de las víctimas sería una segunda demolición: primero se destruyó la dignidad de quienes fueron encerrados allí; después se intentaría destruir el recuerdo. Antes de pintar las paredes, Venezuela necesita expedientes abiertos, testimonios protegidos, archivos preservados y responsables identificados. Un país no sana escondiendo sus cicatrices debajo de una capa de pintura. (Reuters)