
Los terremotos del 24 de junio de 2026, de magnitudes 7,2 y 7,5, dejaron más de 5.000 fallecidos, miles de heridos y daños materiales calculados inicialmente en 19.600 millones de dólares. Reuters documentó retrasos en las órdenes militares, confusión en la cadena de mando, falta de equipos y una respuesta oficial desorganizada durante horas decisivas para encontrar sobrevivientes.
Los movimientos de la tierra fueron inevitables. La improvisación gubernamental no. La naturaleza produce terremotos, pero son las instituciones debilitadas, la falta de previsión y la opacidad las que convierten una emergencia en una catástrofe todavía mayor. Venezuela no necesita ceremonias para condecorar funcionarios: necesita una investigación independiente que determine qué falló, quién tardó y por qué los ciudadanos tuvieron que excavar con sus propias manos. (Reuters)