Nilton Maa: Habitar la niebla, construir el origen

Foto by Emiliano Flores

El escritor tusán explora la identidad, el deseo y el silencio heredado y redefine su lugar en el mundo.

Entre Lima y Nueva York, entre lo tusán y lo queer, Nilton Maa escribe desde un territorio cambiante donde la identidad no se descubre: se arma. Su obra refleja una búsqueda íntima que nace del desarraigo, de la memoria, de la ciudad que lo formó y de la que lo recibe.

Nueva York lo enfrenta con un ritmo feroz. Lima lo envuelve con una niebla que parece guardarlo todo. Entre esos dos mundos, uno que rebota, otro que susurra, Nilton Maa ha aprendido a nombrarse sin pedir permiso. Habla con calma, como quien ya dejó de justificarse ante la mirada del otro. Su voz atraviesa culturas, géneros, recuerdos familiares y esa ambigüedad que durante años lo puso en el medio de dos orillas. Hoy, desde la aceptación, escribe una obra que ilumina el camino de quienes también viven entre fronteras.

Ser tusán en el Perú exige una sensibilidad particular. No es solo un origen: es la consciencia permanente de cómo te mira el país. Nilton lo explica sin dureza, pero con precisión. Durante años sintió que caminaba entre dos definiciones que no lo terminaban de abrazar. “No era suficientemente peruano para ser peruano, ni suficientemente chino para ser chino”, reflexiona. Esa frase, pronunciada con serenidad, marca toda su construcción personal.

Nilton no habla de un descubrimiento súbito. Para él, la identidad se formó como un rompecabezas lento. Fragmentos de infancia, comentarios familiares, rostros que lo confundían con lo que no era, gestos que lo desplazaban de un lado a otro. No lo cuenta desde la queja; lo cuenta como alguien que lo observó durante años y por fin entendió el origen de esa incomodidad. “Somos muchos en un solo cuerpo. Cada grupo, cada contexto, nos pide una versión distinta de nosotros”, explica.

Esa multiplicidad lo moldeó más que cualquier categoría cultural. Con el tiempo, descubrió que la ambigüedad no era un problema, sino un lugar fértil. Lo que antes lo descolocaba, ahora le permite comprender a otros. Lo dice con naturalidad: “Ya no intento moverme hacia un lado o hacia otro. El medio siempre fue mi espacio”.

La niebla: una casa para los que buscan

En su novela Cuando muere la niebla, el clima limeño se convierte en una metáfora de existencia. Nilton la describe como un abrazo silencioso: “La niebla te cubre y te invade. Te mete dentro de algo que no ves, pero sientes”. Esa imagen encarna su tránsito: vivir sin claridad absoluta, pero con la intuición suficiente para avanzar.

Su narrativa no persigue virtuosismo técnico. Le interesa lo humano, el efecto que un hecho tiene en las vidas ajenas. En Cuando muere la niebla, la muerte de un adolescente resuena en siete historias distintas. Cada personaje carga con su forma de mirar la violencia, la marginalidad y la memoria. Nilton no guía la interpretación; solo la expone. “Yo muestro. Pongo el cuadro frente al lector y lo dejo sentir”, detalla.

Un puente llamado Presencia Oriental

En 2019 le dio vida a Presencia Oriental, un proyecto que da visibilidad a artistas tusán. Lo hizo para integrarse al mundo artístico y, al mismo tiempo, para abrir un espacio donde su comunidad pudiera contar sus propias historias.

Hablar de los tusán aún es un terreno confuso para muchos. Nilton lo deja claro: “El 10% del Perú tiene ascendencia china, pero el país todavía no nos entiende”.
Ese desconocimiento motivó su esfuerzo por documentar, entrevistar, recolectar voces. En ese gesto se intuye un acto de reparación histórica: darle lugar a quienes no siempre lo tuvieron.

Hoy, la comunidad tusán vive un despertar artístico. Concursos literarios, movimientos culturales, poetas que comienzan a narrar desde su experiencia directa. Nilton lo celebra y lo observa con orgullo. “Venimos del silencio. De ahí nace todo”, afirma.

Lo queer como raíz emocional

Su identidad queer no aparece en su obra como bandera, sino como impulso emocional. No escribe desde la consigna: escribe desde la verdad. “No necesito permiso para existir. Esta es mi voz, este es mi deseo, y no tengo por qué explicarlo”, asegura.

Para él, el cuerpo —su memoria, su tensión interna, sus gestos— es fundamental. Habla del deseo como algo que devuelve al ser humano a lo primario. A lo auténtico. A lo que está antes de la norma. “Regresar a lo primitivo nos permite abrazar nuestra diferencia desde la raíz”, comenta. En esa afirmación se siente una liberación que ha tardado años en construir.

La vulnerabilidad como músculo

Cuando habla de poesía, Nilton cambia el ritmo. Baja la voz.
Dice que ser vulnerable es necesario. Y, al mismo tiempo, un acto de valentía.

Cuando escribes poesía, eres vulnerable contigo. Cuando la publicas, la vulnerabilidad pasa al lector”.
Esa idea guía su obra: el poema como revelación compartida, como un espejo donde dos miradas encuentran verdades distintas.

Para él, la fortaleza nace de ese gesto. No del blindaje.

Nueva York: una ciudad que exige reconstrucción

La experiencia migratoria lo marcó profundamente. No romantiza la ciudad. Tampoco la teme.
Nueva York es ajena para todos. Nadie pertenece del todo”, dice. Y en esa ajenidad encontró una forma de hogar. Una casa en el movimiento perpetuo.

La ciudad lo obliga a observar, a escucharse, a reconocer aquello que no veía cuando vivía en Lima. La identidad, desde esa perspectiva, no es un punto fijo: es una construcción diaria.
Hoy me levanto siendo alguien distinto a quien fui ayer. Y eso está bien”, confiesa.

El futuro como impermanencia

Cuando le pregunto qué palabra lo define, responde sin rodeos: impermanencia.
No la usa como metáfora. La entiende como un ciclo humano. Nada permanece; todo muta. Y eso —para él— es motivo de celebración, no de angustia.

También piensa en su yo del pasado. En sus dudas. En sus posibles caminos. Sonríe con cierta ternura.
Le diría que sí se puede. Que no es una ilusión. Que lo posible existe”.

Nilton Maa escribe desde una frontera que dejó de ser ruptura para convertirse en territorio.
Su voz revela que la identidad no es una línea recta ni un casillero donde acomodarse: es un movimiento, una respiración, una niebla que avanza sin pedir permiso.

En un mundo que insiste en definirlo todo, Nilton elige lo contrario: ser muchos, ser cambio, ser tránsito, ser imperfección luminosa.

Y quizás ese sea su mayor aporte: recordarnos que también nosotros, con nuestras mezclas, miedos y búsqueda,  podemos habitar el origen y reinventarlo.

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