
La inercia del lunes
Biviana Ramos Era una madrugada fría, tan fría como el reloj que me despierta de un profundo sueño, cuando el repique de las campanas me extrae del maravilloso mundo —ese

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Nunca pensé que desaparecer fuera tan silencioso. No hay un sonido que anuncie el principio. No hay una grieta en el aire, ni un relámpago que advierta el final. Es

El tren avanzaba bajo Manhattan como un animal viejo que conoce de memoria cada curva. A esa hora de la mañana los vagones se llenaban de estudiantes, trabajadores somnolientos y

La noche llegó antes que el sueño. No porque el sol se apagara, sino porque el ruido lo empujó lejos. Primero fue un estruendo que hizo temblar el suelo, luego

Nueva York no es una ciudad que abrace a quien llega. Primero observa, luego prueba, y solo con el tiempo decide si te deja quedarte. A Daniela Suárez le tomó

Rosina Gallo Vivimos rodeados de prodigios que, por repetidos, se nos vuelven invisibles. La costumbre es un velo delicado: no pesa, pero cubre; no hiere, pero adormece. Hace veintiséis años

—¡Hijo de puta! ¿Cómo coño te atreves a pedirme el divorcio en este momento? — dijo ella aguantando un nudo en la garganta escondiendo la rabia y el dolor. Todos

Gabriel Matute El niño dejó de llorar el tercer día.No porque estuviera fuerte.Sino porque ya no tenía fuerzas. En la selva del Darién el aire pesa. No es aire: es

Aroldo Maktub En la mochila llevaba tres cosas: una foto doblada, un número de teléfono escrito en tinta corrida y su nombre completo aprendido de memoria, por si el mar