Miguel Bethencourt: siete víctimas recuperadas entre los escombros del edificio Miramar

Foto cortesía

El voluntario viaja cada día desde Caracas hasta La Guaira para continuar apoyando en la zona cero y destaca la solidaridad de los venezolanos que se organizaron para ayudar cuando más se necesitaba.

No llevaba uniforme, ni pertenecía a un cuerpo especializado de rescate. Tampoco tenía entrenamiento profesional. Aun así, Miguel Bethencourt decidió viajar desde Caracas hasta La Guaira apenas un día después del doble terremoto del 24 de junio para ayudar en la búsqueda de víctimas. Allí colaboró junto a equipos internacionales en el edificio Miramar, recuperó siete cuerpos —entre ellos el de un niño de un año— y fue testigo de una tragedia que, asegura, también dejó al descubierto la mejor versión de los venezolanos.

Miguel Bethencourt

Un viaje por solidaridad

Miguel Bethencourt no habla como un experto en rescate. Habla como un ciudadano que sintió que no podía quedarse en casa mientras cientos de familias luchaban por encontrar a sus seres queridos. La noticia del colapso del edificio Miramar, en Caribe, lo golpeó especialmente porque allí vivían personas conocidas. Sin pensarlo demasiado, tomó la decisión de trasladarse hasta la zona afectada y ponerse a disposición de quienes ya trabajaban entre los escombros.

“Lo hice por voluntad. Sentí que Dios iluminó mi alma, mi mente y mi corazón. Vine a ayudar a mis hermanos venezolanos”, recuerda. Confiesa que, al llegar, ingresó por primera vez a una estructura inestable sin casco, sin equipos de protección y sin experiencia. El miedo desapareció en el instante en que entendió que todavía podía haber personas con vida esperando ayuda.

Aquella decisión terminó convirtiéndolo en uno de los miles de voluntarios que respondieron a la emergencia más grave que ha vivido Venezuela en décadas.

La fuerza de la gente

Si hay una idea que Miguel repite durante toda la conversación es una: la solidaridad de los venezolanos.

Antes de mencionar a cualquier institución o equipo especializado, recuerda a los vecinos. A quienes llegaron con sus propias manos, con agua, alimentos, herramientas o simplemente con la disposición de ayudar. Dice que fueron ellos quienes comenzaron a remover escombros cuando todavía reinaban el desconcierto y la incertidumbre.

“Los primeros que vi en acción fueron los mismos vecinos, mis hermanos venezolanos. Nosotros somos grandes entre los grandes. Hubo mucho apoyo entre nosotros, una hermandad que solamente los venezolanos sabemos vivir cuando llega un momento así”, afirma.

Para Bethencourt, esa respuesta espontánea evitó que el desastre fuera aún más devastador. “Orgulloso de ser venezolano. Lo que vivimos aquí demuestra que, cuando nos unimos, somos capaces de hacer cosas extraordinarias.”

Foto cortesía

Una tragedia sin precedentes

En el edificio Miramar trabajó junto a rescatistas provenientes de distintos países. Equipos especializados llegados desde América, Europa y Oriente Medio compartieron jornadas con voluntarios venezolanos en una operación que exigía precisión, paciencia y resistencia física.

Miguel asegura que muchos de esos especialistas le confesaron que nunca habían enfrentado una escena como la encontrada en Venezuela. Explica que el colapso de varias edificaciones generó una estructura extremadamente compleja, con losas superpuestas que dificultaban el acceso a los apartamentos y reducían considerablemente las posibilidades de encontrar sobrevivientes.

A su juicio, la experiencia dejó una enseñanza importante. “Nos falta mucha preparación y coordinación para enfrentar una tragedia de esta magnitud”, sostiene.

Tras el doble terremoto, más de 3.500 personas perdieron la vida, alrededor de 17.000 resultaron heridas, casi 18.000 quedaron sin vivienda y más de 3.000 rescatistas internacionales participaron en las operaciones de búsqueda y recuperación, según los balances oficiales y organismos internacionales. (EFE Noticias)

Siete cuerpos recuperados

Durante varios días, Miguel colaboró en la recuperación de siete personas fallecidas.

Sin embargo, existe una escena que todavía le cuesta describir.

Mientras trabajaban entre los escombros encontraron el cuerpo de un hombre que parecía abrazar algo contra su pecho. Cuando lograron liberarlo descubrieron que protegía a un bebé de apenas un año.

“Él falleció por el impacto. El niño prácticamente no tenía heridas. Lo estaba protegiendo”, relata con la voz quebrada.

Ese momento cambió para siempre su manera de entender la tragedia. “Es muy fuerte. Muy fuerte.”

Los niños del terremoto

Las imágenes de edificios destruidos fueron las que recorrieron el mundo. Pero Miguel asegura que hay otras escenas que nunca aparecieron en las transmisiones.

Recuerda especialmente a una niña que gritaba desesperadamente pidiendo que rescataran a sus padres mientras un familiar intentaba consolarla diciéndole que ahora eran “angelitos” que la cuidarían desde el cielo.

Historias como esa, dice, fueron constantes durante las jornadas de búsqueda.

“Con los niños todo era distinto. Eso sí golpea muy fuerte.”

Una lección para el país

Aunque reconoce el apoyo recibido por los equipos internacionales, Miguel insiste en que la principal fortaleza durante aquellos días fue la respuesta de la propia ciudadanía.

Asegura que nunca había visto un nivel de solidaridad semejante entre desconocidos. Personas compartiendo agua, alimentos, herramientas y hasta sus propias fuerzas para continuar buscando víctimas cuando el cansancio parecía vencerlos.

“No tengo palabras. Mis hermanos demostraron que sí se puede. La unión está en la fuerza.”

Bethencourt no se considera un héroe.

Pero mientras recuerda los días vividos en Caribe, queda la impresión de que su mayor aporte no fue únicamente ayudar a recuperar víctimas. También fue convertirse en testigo de una realidad que, detrás de las cifras y de los escombros, reveló la capacidad de un país para unirse cuando más lo necesitaba.

Comparte este artículo

1 comentario en “Miguel Bethencourt: siete víctimas recuperadas entre los escombros del edificio Miramar”

  1. Redacción Carlos Luis Barrios

    Como periodista, esta historia me conmovió por una razón sencilla: Miguel no esperó una orden para ayudar. Viajó cada día desde Caracas hasta La Guaira, entró entre los escombros y acompañó una tragedia que todavía exige memoria, respeto y respuestas.

    Esta entrevista merece ser leída porque revela, desde la voz de un testigo, el dolor de las víctimas y la inmensa solidaridad de los venezolanos cuando todo parecía derrumbarse.

    Carlos Luis Barrios

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio