
Anoche TikTok insistió en mostrarme gente cansada.
Después de detenerme unos segundos en el video de una muchacha trabajando frente a una laptop a las dos de la mañana, el algoritmo empezó a servirme el mismo tipo de contenido una y otra vez. Personas editando videos de madrugada. Gente diciendo que no había dormido bien en semanas. Ojeras profundas. Café. Pantallas abiertas. Escritorios oscuros iluminados apenas por una lámpara tenue y Smooth Jazz de fondo.
Todo se parecía demasiado. Y no hablo solamente de la estética visual. Sino del discurso. Porque ya no basta con estar cansad@. Ahora también hay que verse cansad@ de la manera correcta. Cansad@ pero guap@. Agotad@ pero no destruid@.Porque el cansancio se tolera. La fealdad no.
Hay algo extrañamente cinematográfico en la forma en que esta generación muestra su agotamiento. El estrés dejó de esconderse. El insomnio dejó de dar pena. La ansiedad empezó a aparecer cuidadosamente editada entre filtros, playlists nocturnas y frases irónicos sobre colapsar emocionalmente mientras se responde un correo.
La hiperproductividad se convirtió en una identidad visual. Y mientras veía todos esos videos seguidos pensé en algo incómodo: lo que para algun@s personas la ansiedad sigue siendo un problema serio de salud, para otras se convirtió en un recurso estético: imagen, narrativa. Una marca personal cuidadosamente construida.
La escena se repite demasiado para ser casualidad. Jóvenes grabándose frente a una pantalla a las tres de la mañana. Videos titulados “working late again”. Comentarios de personas orgullosas de sobrevivir con cuatro horas de sueño. Una especie de competencia silenciosa para demostrar quién está más agotado, más ocupado, más cerca del colapso.
Todo acompañado por luces cálidas, tipografías bonitas y café artesanal. La ansiedad aprendió a verse bien en cámara.
Y lo más inquietante es que funciona porque mucha gente ya no sabe diferenciar entre estar apasionado y estar destruido. Entre trabajar duro y vivir permanentemente agotado. Entre disciplina y autoabandono.
Hace poco entrevisté a la psicóloga Mari Santana y hablamos sobre la culpa contemporánea. Esa sensación absurda de sentir que descansar es perder el tiempo. Que detenerse equivale a quedarse atrás mientras todos los demás siguen produciendo contenido, dinero, proyectos o versiones mejoradas de sí mismos.
Pero en redes el asunto evolucionó hacia otra cosa. Porque antes el agotamiento era una consecuencia. Ahora también es branding pero del duro. Ahora también es parte del personaje.
La prueba está en la estética que domina buena parte de internet: el cuarto oscuro, la laptop abierta, los audífonos grandes, la lluvia sonando de fondo, las manos temblando sobre el teclado, los mensajes sobre crisis emocionales escritos con tipografías elegantes. Incluso el burnout terminó adaptándose a las reglas visuales del algoritmo.
Todo debe verse bonito. Hasta la destrucción.
Tal y como mencioné antes, acerca de la entrevista con la sicóloga, es por por eso tantos adultos viven con la sensación de estar fallando aunque no se detengan nunca. Porque esta época convirtió para algunos el descanso en sospecha. Hay personas que ya ni siquiera saben relajarse sin culpa. Se sienten improductivas viendo una película. Improductivas durmiendo ocho horas. Improductivas tomando un domingo libre.
Tratan su cuerpo como a una máquina que necesita optimizarse constantemente. El problema es que ningún algoritmo muestra lo que ocurre después de apagar la cámara.
No muestra el ataque de ansiedad completo. El cansancio físico real. A la persona acostad@ mirando el techo sin poder dormir aunque esté colapsad@. En una foto nadie puede ni podrá ver la sensación de vacío que aparece cuando finalmente terminas todo lo que tenías pendiente y descubres que sigues sintiéndote igual de roto.
Eso no suele tener buena iluminación.
Lo más triste de todo esto no es que la gente viva cansada, porque este no es un tema novedoso. Todas las generaciones han vivido cansadas de alguna manera. Lo inquietante es que ahora el agotamiento se convirtió en una prueba de valor personal.
Es decir, que si en la foto pueden ver que si estás colapsando, al menos significa que estás haciendo algo. Si no tienes tiempo para respirar, con eso dices que eres importante. Si vives agotad@, entonces quizás sí mereces existir dentro de esta maquinaria que convirtió el rendimiento en personalidad.
Y así terminamos viendo personas orgullosas de sobrevivir destruidas.
Editando el cansancio. Decorando la ansiedad. Convirtiendo el agotamiento en contenido. Como si verse al borde del colapso fuese la nueva manera de demostrar que todavía seguimos intentando llegar a alguna parte.
Interesante como siempre lo que traes.. hay que estudiar este tema seriamente con profesionales. Es importante para la salud dormir suficiente.
Gracias
🙌🙌🙌🙌🫶🫶🫶🫶🫶Guaoooóo!! Aplausos a este tema del dia y que pocos comentan , ya que bien dicho ! , pareciera que la recreacion y quietud mental o simple hecho meditar , es retraerse al ritmo que supone debes ir, en funcion de una competencia , y forma de Vida. , propuesta por un sistema robotizado , donde las dimenciones del Ser ,hacer. Y estar ya no engranan , el tener lo es todo ! , Gracias Carlos !