
Leí el mensaje de Edmundo González Urrutia citando a Canserbero y lo primero que pensé fue que, más de una década después, Venezuela sigue atrapada en las mismas preguntas.
La Cuando Canserbero hablaba de impunidad, de injusticia y de un sistema que parecía funcionar para proteger a los poderosos, muchos lo entendieron como una crítica social. Hoy, Edmundo González rescata esa referencia para recordarnos que el problema no desapareció. Por el contrario, se profundizó.
La tragedia venezolana no comenzó con una elección cuestionada ni con una sanción internacional. Comenzó cuando las instituciones dejaron de servir al ciudadano y pasaron a servir al poder. Esa es la raíz del problema. Y mientras esa realidad no cambie, cualquier intento de presentar una normalidad política en Venezuela será apenas una puesta en escena.
Por eso la mención de Canserbero resulta incómoda para quienes han gobernado durante más de dos décadas. Porque obliga a mirar aquello que el discurso oficial intenta ocultar: la ausencia de justicia, la persecución política, el exilio de millones de venezolanos y la destrucción progresiva de la confianza pública.
En ese contexto también adquiere relevancia la presencia de Dinorah Figuera en Venezuela. No se trata únicamente de una dirigente política regresando al país. Se trata de una mujer que simboliza una parte de la Venezuela obligada a ejercer liderazgo desde el exilio. Su visita ocurre en un momento en que el país sigue debatiéndose entre el inmovilismo del poder y las aspiraciones de cambio de una mayoría de ciudadanos.
María Corina Machado y Edmundo González representan hoy una demanda que sigue vigente: la recuperación de la institucionalidad democrática. Se puede estar de acuerdo o no con sus estrategias, pero resulta imposible ignorar que millones de venezolanos depositaron en ellos la esperanza de una transición política.
Como periodista y como venezolano, me niego a aceptar que la crisis se convierta en paisaje. Me niego a aceptar que la impunidad sea considerada normal. Y me niego a aceptar que quienes denuncian los abusos sean tratados como el problema mientras los responsables continúan ejerciendo el poder sin rendir cuentas.
Quizás por eso la referencia a Canserbero sigue resonando. Porque algunas canciones envejecen. Pero las denuncias que contienen permanecen mientras la realidad les siga dando la razón.