Nuevos tratamientos para cáncer de mama ofrecen esperanza y calidad de vida.

Joanly Paiva Suárez, periodista.

El control mastológico integral es imperativo, “sí o sí”.

El doctor Jorge Uribe, cirujano oncólogo mastólogo venezolano y miembro de la Sociedad Americana de Cirujanos Mastólogos, considera que una de las grandes limitantes para la detección temprana del cáncer de mama en Latinoamérica son los escasos recursos tecnológicos en los sistemas públicos de salud, y enfatiza que diagnosticar el tumor en sus primeras etapas aumenta las posibilidades de curación, al tiempo que califica como “nefasta” la campaña del autoexamen por no orientar a las mujeres hacia el control mastológico para la detección precoz.

Los avances de la medicina en la última década brindan la posibilidad a mastólogos y oncólogos de observar con mirada alentadora los casos de cáncer de mama que se presentan en consulta. Sin embargo, la detección temprana de lesiones es, más que nunca, una pieza fundamental en el rompecabezas de la curación.

El doctor Jorge Uribe, cirujano oncólogo mastólogo, expresidente de la Sociedad Venezolana de Mastología, miembro de la Sociedad Americana de Cirujanos Mastólogos y director médico de la Clínica de Mamas de Barquisimeto (uno de los principales centros dedicados exclusivamente al estudio y tratamiento de enfermedades de la glándula mamaria en Venezuela), considera que “el miedo a un diagnóstico es el principal motivo por el cual la mujer venezolana, y latina, no acude a consulta”.

El especialista destaca que “esto ocurre por desconocimiento, por la ausencia de información adecuada de que existe verdadera posibilidad de curarse de la enfermedad”.

La doctora Carolina Martínez, oncóloga clínica venezolana, coincide. “Existe mucho miedo, miedo a hacerse un examen y que ‘salga algo’”. A sus pacientes les explica:

“No todo lo que duele es malo ni todo lo que no duele es malo. Simplemente es preciso ir al diagnóstico”.

A pesar de los avances de la medicina moderna y de las actuales grandes posibilidades de curación, el diagnóstico de cáncer sigue siendo relacionado en primera instancia por muchos pacientes con la muerte, un hecho que en psicooncología se vincula con el tabú que por años reinó sobre esta enfermedad: se hacía silencio luego del diagnóstico. El lenguaje bélico que la acompaña a través de palabras como lucha, batalla, enemigo, vencer o ganar. La idea de que se trata de una rebelión de nuestras células contra nuestro cuerpo. Y ese duelo que inicia con el diagnóstico, pues se considera que se ha perdido la salud.

Indudablemente, los factores económicos en los países de Latinoamérica son otro aspecto importante, pues la falta de recursos económicos imposibilita asistir a centros especializados que permitan un diagnóstico a tiempo.

Vale acotar que el cáncer de la glándula mamaria transcurre en varias etapas: la etapa del diagnóstico, en la que exámenes como mamografía, ultrasonido y la consulta son importantes; luego viene la etapa de los exámenes complementarios, y finalmente la del tratamiento, ya sea con quimioterapia, cirugía o radioterapia.

Esto complica, en muchos casos, la posibilidad de hacer el diagnóstico precoz de la enfermedad, pues los sistemas públicos de salud no cuentan con tecnología para realizar estudios adecuados y muchas de las pacientes no poseen los recursos económicos suficientes para costear los gastos en el sector privado.

Edades más tempranas

Jorge Uribe, cirujano oncólogo mastólogo

En Venezuela, las instituciones de mastología y sus profesionales recomiendan la mamografía a partir de los 35 años, como parte del control integral que además incluye un ultrasonido mamario y el examen físico. “Analizamos los datos de 3.000 mujeres con cáncer de mama y, cuando revisamos sus edades, el 16% de esas pacientes tenían menos de 40 años de edad”, apunta Uribe, quien elevó el informe de dicho análisis a la sociedad médica, lo que marcó precedente sobre la decisión de indicar el estudio imagenológico a una edad más temprana.

El especialista señala que la decisión en los países donde se recomienda la mamografía en etapas más tardías está relacionada con los servicios sociales. “Son servicios sociales aparentemente muy buenos, pero no pagan la mamografía a las pacientes sino después de los 40–45 años”.

Carolina Martínez, oncóloga clínica

La doctora Carolina Martínez, por su parte, refiere un dato alarmante en la consulta. “En Latinoamérica hay un cambio importante. Estamos viendo cadavez pacientes más jóvenes con cáncer de mama; hace décadas las detecciones se hacían en pacientes con 60 años, 70 años, pero ahora tenemos en nuestra casuística pacientes de 20 años, incluso de menos edad”.

Aunque no existe una estadística seria que arroje luces respecto a la sobrevida de la mujer venezolana en comparación con la de otros países latinoamericanos, los especialistas sí enfatizan que la enfermedad maligna en el país caribeño se diagnostica en etapa muy tardía: “De los 10.000–12.000 pacientes diagnosticados anualmente, el 50% va a fallecer por la enfermedad”, lamenta el doctor Uribe.

Pese a esto, explica que, en la Clínica de Mamas de Barquisimeto, centro de referencia de la mastología en Venezuela, “vemos mucha enfermedad en estadio 1, que son tumores de 20 mm o menos, y esto es importante porque obviamente implica curación”.

Nuestra recomendación es: “Si tiene 35 años o más, hágase su mamografía; si tiene algún familiar directo (tía, hermana, mamá, hija) con cáncer de mama, con más razón; si no ha tenido hijos, con más razón; y un aspecto muy importante es que, si en su mamografía aparece densidad radiológica aumentada, es decir, que el tejido mamario está denso, a pesar de que usted tiene 45 o 50 años, ese es un factor de riesgo sumamente importante”, enfatiza el doctor.

Ante estas cifras, la doctora Carolina Martínez cree que la recomendación para la mujer latinoamericana en general debe ser “el control mastológico integral imperativo, sí o sí”.

Prevenir: el ojo puesto en pequeños cambios

En palabras de la oncóloga clínica Carolina Martínez, “en el cáncer de mama, el antes y el después lo marca el diagnóstico precoz”.

Mucho se habla de la detección temprana de lesiones malignas en la glándula mamaria y poco sobre la prevención; sin embargo, Jorge Uribe explica que esta última sí es posible. “La célula mamaria normal comienza un día a transformarse en una lesión maligna; en ese proceso, que puede ir de 6 a 7 años antes de que la mujer pudiera palparse el tumor, se producen dentro del conducto cambios identificables en la mamografía o ultrasonido como, por ejemplo, un pequeño grupo de microcalcificaciones o una pequeña distorsión que es anormal y amerita biopsia; pudiera corresponder a una hiperplasia ductal atípica, y eso es prevención del cáncer de mama”.

El diagnóstico del carcinoma in situ también es abordado en la actualidad de forma alentadora. “Se trata de un recién nacido que tiene 100% de posibilidad de curación; él ya es un tumor maligno, pero 100% curable”, asegura el reconocido oncólogo mastólogo.

Pero la detección a tiempo de anomalías precisa exámenes adecuados. El doctor Uribe insiste en que las mamografías deben ser de muy buena calidad, realizadas con equipos de alta y reciente tecnología y en un centro especializado con capacidad de almacenamiento de imágenes, pues parte de la detección pasa por las posibilidades del equipo médico de observar cambios muy pequeños en los senos de sus pacientes.

La integración de mamografía y ultrasonido mamario también es una herramienta de detección importante.

Antes y ahora

Uribe recuerda que hace 20 años el foco no estaba en la hiperplasia ductal atípica, en lo milimétrico, sino en los nódulos de 2 o 3 cm. “Queremos buscar lesiones que tienen 3 o 4 mm de diámetro y las podemos diagnosticar. Evidentemente, eso establece un patrón de curación mucho más importante si la lesión es temprana”.

Hoy, el ultrasonido mamario es para los mastólogos una herramienta fundamental que complementa la información otorgada por la mamografía. “El ultrasonido direccionado, como lo llamamos aquí, es el que hace el médico después de haber visto la mamografía. Si un médico hace el ultrasonido sin ver la mamografía, no sirve, porque tiene mucha menor utilidad que cuando ve la mamografía y dice ‘aquí arriba o abajo hay más tejido mamario’ o ‘veo una alteración’, y direcciona la atención del ultrasonido hacia ese sitio”.

“Las biopsias ecoguiadas, biopsias por estereotaxia, la posibilidad de diagnosticar las características genéticas del tumor desde los pequeños segmentos que le mandamos al patólogo, todas las herramientas de genética y medicina molecular que se han desarrollado son sorprendentes”, señaló Uribe.

La doctora Martínez, por su parte, destaca las grandes inversiones en el diseño de medicina personalizada. “Podríamos decirle un traje a la medida (de cada paciente)”, lo que viene a mejorar fantásticamente las tasas de sobrevida, los efectos colaterales, y “ya se está hablando de que la quimioterapia, que es de las cosas a las que más temen las pacientes con cáncer de mama, sea menos utilizada y ellas sean dirigidas a otro tipo de tratamientos. Es probable que en un futuro no muy lejano vamos a hacer tratamientos más simples, con una sola droga”.

Una campaña nefasta

Para Uribe, la campaña de la autoexploración mamaria es la más “nefasta” creada en torno al cáncer de mama. “

Nunca el autoexamen podrá presentarse como una herramienta que permita el diagnóstico precoz del cáncer de mama, porque cuando se palpa es una enfermedad que tiene dentro del seno varios años”.

El especialista realza que el cáncer de mama tiene una etapa en la que la mujer no será capaz de palparlo, “pero sí es posible que sea diagnosticado a través de una mamografía de calidad y un buen ultrasonido en consulta especializada”.

“El eslogan del ‘tócate’, muy bueno en algún momento porque sensibilizó e invitó a la mujer a que se autoevaluara, que la evaluara la pareja u otra persona, ya no es suficiente. El diagnóstico precoz pasa porque lesiones tan pequeñas como de 4 o 5 mm, hasta de 10 mm, se pueden detectar con una buena mamografía o con un buen ultrasonido, y eso va a marcar el futuro de esa paciente desde el punto de vista del tratamiento y la cirugía que se le va a ofrecer”, acota la doctora Carolina Martínez.

Creencias limitantes

Las creencias, los mitos, el miedo a “que me pase lo que a Fulana” son limitantes de importancia. Es común escuchar a mujeres decir que no se realizan la mamografía porque esta “es muy dolorosa” o que prefieren no acudir a la consulta porque “el que busca encuentra”. La negativa de obtener el diagnóstico de una enfermedad que por error se considera incurable juega en contra de la intención de los especialistas de diagnosticarla en su etapa inicial.

Muchas mujeres recuerdan los equipos antiguos en los que la compresión era manual y, ciertamente, causaba molestia. Sin embargo, los especialistas enfatizan que los mamógrafos actuales “son inteligentes”, se adecúan a la fisionomía de cada paciente y realizan una compresión mínima, la necesaria para la toma de la imagen requerida.

“La población tiene que entender que, si nosotros podemos diagnosticar el tumor en sus primeras etapas, aumentan las posibilidades de curación. Si la mujer se realiza mamografías de calidad anualmente, le permite al médico identificar los primeros cambios que se estén produciendo en los senos”, enfatiza el doctor Uribe.

“La mamografía digital directa no produce una irradiación suficiente como para causar cáncer”, asegura el especialista.

También destaca que la enfermedad maligna de seno se presenta atada a una malformación congénita de origen genético solo en un 10% de las pacientes; el 90% restante no tiene ninguna alteración genética, un motivo sólido más para acudir a los controles mastológicos anuales.

Una visión positiva

“Estamos en la onda de la desescalación, que significa que menos puede ser mejor que más, y eso no se trata solo de poner menos tratamientos agresivos como la quimioterapia, sino de poner ciclos más cortos. Las posibilidades de tratamientos con firmas personalizadas, genómicas, de paneles moleculares, donde eventualmente un grupo de pacientes puede beneficiarse de recibir solamente un tratamiento dirigido como inmunoterapia, terapia dirigida tipo inhibidores de tirosina quinasas y otras, impactan en la calidad de vida de la paciente, pues disminuyen costos del tratamiento; la calidad de vida suma porque ya no tendría los efectos colaterales como la caída del cabello o la alteración de valores hematológicos”, explica la oncóloga Carolina Martínez.

La limitante en Latinoamérica para estas nuevas opciones de tratamiento está relacionada con los costos de los estudios. “Los paneles moleculares pueden ir desde los 30 a los 50 genes moleculares para poder hacer ese vestido específico como un sastre para la paciente”, apunta.

En este sentido, la tecnología que permite identificar mutaciones de resistencia, así como el envío de muestras desde Latinoamérica hacia Estados Unidos y Europa para su estudio, incrementa los costos, pero permite seleccionar terapias dirigidas que resultarán en tratamientos que prolongarán significativamente la supervivencia del paciente.

Latinoamérica

Entre las mujeres latinas ha habido un leve incremento en el diagnóstico, señala Martínez, y esto podría estar relacionado con que hay más sensibilización a través de campañas que invitan a que las mujeres vayan más temprano a hacerse su diagnóstico, aunque también muchos países están desabastecidos para hacer buenos estudios de detección: mamografía, ultrasonido, personal entrenado, y cada día aumenta el número de pacientes con enfermedades avanzadas.

Destaca que “la mujer latina se caracteriza por moverse menos; los latinos comen más carbohidratos, se ingiere más alcohol, hay menos cultura de cuidado de salud, y en cáncer, en todos los parámetros, pero sobre todo para el cáncer de mama en la mujer, influye mucho el tener un peso saludable porque ya está demostrado que un paciente con sobrepeso tiene un factor de riesgo adverso; si fuma, si toma, el estrés, lo que todos denominamos calidad de vida, y al final del día eso sí impacta no solo en el tratamiento sino en la sobrevida a largo plazo una vez que se completa todo el plan de quimioterapia, cirugía o lo que la paciente vaya a recibir”.

Aun así, Martínez resalta que “las mujeres latinas tenemos un superpoder, y es que la mayoría somos madre, padre, jefe de familia; (muchas) son supermamás, supermujeres, así que necesitan estar sanas para sus hijos, para sus abuelas, para sus madres, y el estar sanas pasa por el diagnóstico precoz”.

La detección precoz del cáncer de mama se traduce en curación. Algunos de los tratamientos disponibles hoy permiten terapias menos agresivas. Solo existe un llamado: se requiere que cada mujer realice sus controles mastológicos anuales en centros especializados que cuenten con tecnología y con personal entrenado para detectar la más mínima anomalía.

La pregunta que te hago es: ¿optas por años de vida o sigues dejando pasar el tiempo porque no tienes algún síntoma?.

Joanly Paiva Suárez, periodista de investigación

Especializada en temas de salud y comunidades. Excorresponsal de El Pitazo y ganadora del Premio Roche de Periodismo en Salud 2018, en la categoría digital colaborativo, por el trabajo Huérfanos de la salud”.

 

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