Aquí todo es real

Samara Pineda

Había una vez una niña llamada Alegría, a quien le encantaba dibujar todo lo que pasaba por su mente y también lo que soñaba.

Solía hacerlo por las tardes, cuando terminaba sus tareas. Entonces se encerraba en su cuarto y comenzaba a crear en sus cuadernos todo lo que podía imaginar, llenando las hojas de muchos colores.

Un día se le terminaron los cuadernos de dibujo y corrió a decírselo a su mamá.

—¡Mamá, se me acabaron los cuadernos! —gritó emocionada.

—Entonces vamos a comprar uno nuevo —respondió su mamá con una sonrisa.

Paseando juntas por las tiendas del centro de la ciudad, encontraron una que llamó su atención: era una tienda de cosas antiguas. Había muebles, relojes, mesas, sillas misteriosas, libros y muchos objetos curiosos.

Mientras su mamá observaba, Alegría descubrió un libro muy lindo, con una portada de colores como un arcoíris. Estaba completamente en blanco por dentro.

—¡Mamá, quiero este! —dijo—. Con él puedo hacer mis nuevos dibujos.

Esa misma tarde, al llegar a casa, Alegría se puso a dibujar en su nuevo libro. Dibujó y dibujó hasta que cayó la noche, y cansada, se fue a dormir.

A la mañana siguiente, algo la sorprendió: su habitación estaba llena de cosas que no existían antes.

¡Sus dibujos se habían vuelto reales!

Allí estaba un unicornio de colores y una caja mágica que, al agitarla, producía comida, helados, dulces y frutas.

Maravillada, Alegría decidió dibujar un gran espejo que sirviera de portal al Reino de las Nubes, un lugar que siempre había imaginado desde pequeña.

Cuando terminó, del libro comenzó a salir una luz brillante. El espejo empezó a abrirse frente a ella, y sin pensarlo dos veces, Alegría entró.

Aunque su mamá siempre le decía que debía tener cuidado con su curiosidad, no pudo resistirse.

Al cruzar el portal, se encontró del otro lado, en un mundo diferente. Quiso regresar enseguida, pero no pudo: el espejo se había cerrado como un vidrio invisible.

Asustada, empezó a llorar y a gritar, pero nadie la escuchaba. Caminó sin rumbo entre la neblina hasta que, a lo lejos, vio un resplandor: era el Reino de las Nubes.

Entró decidida y descubrió que los seres que vivían allí eran nubes con forma humana. No podía creerlo.

Entonces, un ser alto y azul celeste, de piel parecida al algodón de azúcar, se acercó y le habló con voz amable:

—Hola, bienvenida al Reino de las Nubes. Mi nombre es Blue.

—G-gracias… yo soy Alegría —respondió ella, temblando un poco.

Blue la tomó de la mano y la llevó a conocer su mundo.

Alegría empezó a acostumbrarse a ellos. Comía pequeñas flores esponjosas que crecían entre las nubes; eran deliciosas y la alimentaban bien.

Aunque la trataban con cariño, Alegría extrañaba su hogar y a su mamá.

Un día le dijo a Blue:

—Estoy cansada… pero no quiero dejar de descubrir cosas nuevas. Aun así, extraño a mi mamá.

Blue le sonrió y le respondió:

—Descansa aquí, todo es suave y cómodo. Disfruta el momento, tus experiencias son un regalo.

Alegría se recostó y durmió con la esperanza de encontrar el camino de regreso al día siguiente.

Por la mañana buscó a Blue y juntos siguieron un sendero entre nubes brillantes para encontrar el portal de regreso.

Pero después de mucho caminar, no lo encontraron.

Alegría comenzó a llorar de nuevo. Entonces, Blue vio cómo desde el cielo bajaba un ángel que nunca había visto antes.

—Me llamo Óscar de Los Ángeles —dijo el ser luminoso.

Alegría le contó su historia y su deseo de volver a casa.

Óscar asintió y le dijo:

—Hay un problema: si no tienes el libro de dibujos, no podrás regresar. Debes dibujar tu regreso, tu destino. Pero no te preocupes, puedo llevarte en mi carro.

El carro era verde y estaba cubierto de plumas. Alegría, sin pensarlo, subió a él, dejando atrás a su amigo Blue.

Viajaron hasta un pueblo lejano y un poco tenebroso llamado Amberland.

Allí, Óscar la llevó a una casa abandonada en la cima de una montaña. Alegría no quería entrar, pero el ángel insistió.

—Solo tienes que bailar —le dijo—. Cuando termines, te mostraré el portal.

Ella, furiosa y desconfiada, se negó. Salió corriendo de la casa, bajó la montaña y corrió tanto como pudo hasta llegar a un gran barranco.

Se detuvo justo a tiempo, se sostuvo de una liana y logró cruzar al otro lado. Exhausta, se sentó sobre una rama y pensó en su mamá.

Recordó entonces las palabras que su madre solía decirle los viernes de chicas, cuando salían a comer algo rico:

“Tu mente puede ser tu amiga o tu enemiga. Ella puede ayudarte a crear los sueños más maravillosos o las pesadillas más terribles. No dejes que te controle, tú debes controlarla.”

Al recordarlo, Alegría sintió alivio y se quedó dormida en la rama del árbol.

De pronto escuchó una voz conocida:

—¡Alegría, buenos días! ¡Es hora de ir a la escuela!

Abrió los ojos y vio a su mamá sonriendo junto a la cama.

Todo había sido un sueño.

Su mente la había llevado a una gran aventura, pero ahora estaba de vuelta en casa, en la realidad.

Samara Antonieta Pineda Suárez es una niña de 9 años, nacida en Barquisimeto, Estado Lara. Estudia cuarto grado y es una apasionada del baile urbano, la pintura, la cocina y la creación de historias. Disfruta inventar cuentos y juegos junto a sus amigos, y sueña con inspirar a otros niños a escribir sus propias aventuras. Su primer cuento, “Todo aquí es real”, refleja su imaginación, alegría y amor por la magia de crear.

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5 comentarios en “Aquí todo es real”

  1. Andreina Garcia

    Eres una niña hermosa, inteligente y creativa, con un futuro lleno de oportunidades y bendiciones, serás grande!!, estoy muy orgullosa de ti cada día. Éxitos hija ❤️

  2. Vanessa Suárez

    Eres grande Mi CHIQUITURITA linda!… Mamá te ama!. Sigue soñando, creando y creciendo!… Aquí estoy para apoyarte siempre!. ❤️

  3. Sigue adelante hija bella! Dios cuide tu imaginación y esa creatividad que llevas contigo. Sigue trabajando! Estoy seguro que serás ejemplo para que muchos niños se animen a escribir sus historias! Bendiciones hija.

  4. Darimar Moreno

    Que historia tan preciosa y que lección tan bonita sobre el poder de la mente mi niña amada. Espero que seas siempre inspiración para otros niños y sobretodo que nunca dejes de soñar, porque para crear siempre necesitarás soñar.

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