
Natasha y Valeria Colmenares convierten la prevención en un lenguaje que los niños sí entienden
Hay conversaciones que muchos adultos evitan y que los niños necesitan escuchar. Este proyecto educativo propone una forma distinta de abordar temas sensibles sin recurrir al miedo, apostando por la prevención, la confianza y el diálogo familiar.
Hay niños que aprenden a cruzar la calle antes de aprender a identificar el peligro dentro de una pantalla. Saben perfectamente qué significa una luz roja, una amarilla o una verde, pero muchas veces no saben reconocer cuándo una conversación comienza a convertirse en acoso, cuándo una burla deja de ser un “juego” o cuándo un adulto está invadiendo límites que jamás deberían tocarse.
Allí nace “Let’s Make a Change Together: Tus amigos y sus semáforos”, un programa educativo creado por Natasha y Valeria Colmenares que intenta abordar algunos de los problemas más incómodos y silenciados de esta generación desde un lenguaje que los niños sí comprenden: colores, personajes, animación y emociones.
Durante una conversación Natasha Colmenares explicó que el proyecto no nació desde una estrategia comercial ni desde una tendencia pedagógica pasajera. Surgió desde el activismo, la observación y una preocupación profunda por la vulnerabilidad infantil en tiempos donde el riesgo ya no siempre tiene rostro.
“Nos dimos cuenta de que los niños estaban atravesando situaciones de bullying, ciberbullying y acoso… pero nadie les estaba enseñando realmente cómo identificarlo”, comentó.
El programa, dirigido a niños desde los cinco años, combina animaciones, dinámicas interactivas y personajes asociados a colores específicos. El azul representa el bullying; el rosado, el ciberbullying; el naranja, la prevención relacionada con las partes íntimas y el morado, las situaciones de alerta o riesgo. Todo acompañado por Camilo y Puchi, dos perros que funcionan como puente emocional entre el contenido y los niños.
La elección del semáforo no fue casual. Después de dos años de investigación, las hermanas determinaron que necesitaban un sistema sencillo, cotidiano y fácil de recordar. Algo que no generara miedo, sino claridad.
“Los niños ya entienden un semáforo incluso antes de saber manejar. Saben cuándo detenerse, cuándo prestar atención y cuándo avanzar. Queríamos utilizar algo que ya existiera en su lenguaje cotidiano”, explicó Natasha.

El peligro también puede parecer normal
Uno de los aspectos más delicados del proyecto es que no presenta el peligro como algo lejano o monstruoso. Todo lo contrario. Muchas de las escenas de la animación ocurren en espacios familiares: fiestas, salas de estar, reuniones navideñas, escuelas o habitaciones comunes.
La intención es romper con una idea que muchos adultos todavía conservan: creer que los riesgos únicamente existen fuera del entorno cercano.
“Hay situaciones donde los niños creen sentirse completamente seguros y aun así pueden estar expuestos”, señaló Natasha durante la entrevista.
Por eso, parte del programa consiste en enseñarles a los niños a identificar señales incómodas sin necesidad de entrar en discursos traumáticos. Los personajes explican situaciones cotidianas utilizando ejemplos simples, rimas y dinámicas visuales que permiten que los niños participen sin sentir miedo o vergüenza.
La estrategia pedagógica también busca desmontar el tono excesivamente rígido con el que muchas veces se hablan estos temas. Natasha recordó que, en numerosas escuelas, cuando ocurre un caso grave de bullying o acoso, suelen llamar a policías o autoridades para dar charlas. El problema es que muchos niños terminan asociando la conversación con castigo o terror.
Ellas decidieron hacer exactamente lo contrario.
Los niños sí hablan… cuando sienten confianza
Algo que más sorprendió a las creadoras fue descubrir cuánto están dispuestos a contar los niños cuando sienten que no serán juzgados.
Después de cada dinámica aparecen testimonios espontáneos: niños que confiesan que fingían fiebre para no ir a clases, pequeños que cuentan cómo los insultan en el colegio, adolescentes que admiten haber recibido mensajes incómodos por redes sociales y otros que simplemente dicen sentirse solos.
“Muchos padres creen que el bullying es un simple chalequeo, algo normal de la infancia, pero las consecuencias emocionales permanecen durante años”, afirmó Natasha.
La conversación se vuelve todavía más compleja cuando entra en escena el mundo digital. Para las creadoras, el ciberbullying es actualmente uno de los riesgos más difíciles de detectar porque ocurre mientras los adultos creen que el niño simplemente está “entretenido” frente a una pantalla.
Durante la entrevista, Natasha habló sobre casos donde personas adultas se hacen pasar por adolescentes para manipular emocionalmente a menores, obtener fotografías íntimas o construir relaciones de dependencia afectiva.
“Los padres están ocupados trabajando, resolviendo problemas, sobreviviendo… y muchas veces no saben realmente con quién habla su hijo”, dijo.
El proyecto insiste constantemente en enseñar algo aparentemente sencillo, pero fundamental: bloquear, eliminar, pedir ayuda y hablar sin miedo.
Una herramienta para los padres también
Aunque el programa está diseñado para niños, Natasha insiste en que los adultos son parte esencial del proceso. De hecho, las charlas piden la participación activa de padres y representantes para que las conversaciones continúen después de terminar la actividad.
La meta no es que el niño memorice colores. La meta es construir confianza.
“Un niño necesita sentir que sus padres le van a creer”, explicó Natasha. “Muchos no hablan porque sienten que los adultos están más pendientes del teléfono que de ellos”.
Por eso, además de las animaciones, el proyecto propone ejercicios prácticos en casa. Los niños pueden dibujar los personajes, crear sus propios semáforos y repetir las rimas asociadas a cada situación. La prevención deja de sentirse como una conferencia pesada y comienza a formar parte del lenguaje cotidiano familiar.
Y quizás allí está una de las claves más importantes del proyecto: entender que la prevención no puede construirse únicamente desde el miedo.
Tiene que construirse también desde la cercanía.
La infancia bajo nuevas amenazas
Mientras la conversación avanzaba, quedaba claro que Natasha Colmenares no habla solamente desde la teoría. Habla desde la preocupación de una generación de adultos que observa cómo los niños crecen en un entorno emocionalmente mucho más agresivo, acelerado y expuesto que el de hace apenas dos décadas.
Hoy el acoso no termina al salir de la escuela. Persigue al niño hasta su cuarto, entra por el teléfono, aparece en redes sociales y puede repetirse cientos de veces durante una sola noche.
El problema es que muchos adultos todavía intentan enfrentar amenazas nuevas utilizando herramientas viejas.
Por eso proyectos como “Let’s Make a Change Together” buscan traducir conversaciones complejas a un idioma que los niños puedan comprender sin sentirse paralizados.
Porque prevenir no significa criar desde el miedo.
Significa preparar.
Y quizás, en tiempos donde tantos niños están aprendiendo solos a sobrevivir emocionalmente en Internet, enseñarles a reconocer una luz roja antes de que sea demasiado tarde también sea una forma de proteger la infancia.