Posicionamiento editorial
y código ético
En carlosluisbarrios.com concebimos la palabra como un acto de responsabilidad. Cada texto publicado —propio o de colaboradores— responde a un compromiso ético ineludible: la narración no debe ser un vehículo de odio ni un pretexto para violentar.
Este espacio no es un terreno sin reglas. La palabra aquí tiene un compromiso.
Principios innegociables
- Rechazamos la publicación de contenidos que promuevan el odio, el racismo, la homofobia, la xenofobia o cualquier forma de discriminación.
- No se admiten textos que degraden, violenten o ridiculicen por razones de género, identidad o expresión sexual.
- No avalamos discursos que justifiquen, normalicen o glorifiquen la violencia en cualquiera de sus formas.
- Condenamos el plagio, la falsificación y la manipulación de información con fines sensacionalistas o de manipulación ideológica.
- Cada narración debe ser una búsqueda honesta de comprensión, no un arma para desinformar o polarizar.
Nuestro compromiso
Publicamos historias que cuestionan, pero que no destruyen.
Reflexiones que interpelan, pero que no humillan.
Ensayos que incomodan, pero que no ofenden.
Para los autores que colaboran
Todo autor, periodista o cronista que publique en esta plataforma acepta expresamente este código editorial como parte de su responsabilidad ética. Además, deberá incluir al pie de cada texto la siguiente declaración:
«Esta historia fue escrita bajo los principios editoriales de carlosluisbarrios.com, un medio libre de odio y comprometido con la ética narrativa. El contenido aquí expuesto es de exclusiva responsabilidad de su autor, quien asume plenamente la autoría y las consecuencias de cada palabra publicada.»
Cada colaborador debe garantizar que su contenido cumple con las leyes vigentes en su país de origen.
Con esta cláusula, carlosluisbarrios.com se deslinda de toda responsabilidad legal, ética o moral derivada de las opiniones, juicios o afirmaciones que cada autor emita en sus publicaciones.
Aquí promovemos la libertad narrativa con conciencia.
Porque la palabra transforma, pero también compromete.