Patty Cardozo: sanar el vínculo, sostener la conciencia

Migración, heridas familiares y espiritualidad sin fórmulas en una conversación que desmonta las promesas rápidas del crecimiento personal.

Desde España, la coach venezolana Patty Cardozo habla sin atajos sobre migración, patrones invisibles, vínculos familiares y falsas expectativas del desarrollo personal. En esta conversación, propone algo más profundo que técnicas: conciencia, responsabilidad y un trabajo interior que no promete magia, pero sí transformación real.

Hay personas que no buscan terapia; sino respuestas. Y, muchas veces, ni siquiera saben formular la pregunta. Así comienza el recorrido con Patty Cardozo, coach y consteladora familiar radicada en Madrid, quien ha hecho del acompañamiento emocional un ejercicio de honestidad radical. En un tiempo donde abundan los cursos que prometen “soltar miedos” en tres pasos, Patty insiste en algo incómodo pero necesario: no se trata de eliminar lo humano, sino de aprender a sostenerlo.

Le pregunto cuál es la inquietud que más se repite en quienes llegan a su consulta, y su respuesta no apunta a un síntoma superficial, sino a una sensación compartida: “Casi siempre la persona siente que hay algo invisible que la está bloqueando, y no tiene idea de por dónde comenzar con ese desbloqueo”. Esa palabra —invisible— no es casual. Es ahí donde comienza el verdadero trabajo: en lo que no se ve, pero pesa.

Nombrar el problema, me dice, ya es parte del proceso. Yo lo escucho y pienso cuántas veces nosotros mismos hemos sentido ese freno sin nombre. ¿Cuántas veces hemos dicho “algo no está bien” sin saber qué? Patty no impone respuestas; hace preguntas.

“Partimos del punto de que cada persona tiene dentro de sí misma sus propias respuestas”, afirma. Y esa convicción marca la diferencia entre empujar y acompañar.

Migrar no es mudarse, es reordenarse

La migración aparece inevitablemente en la conversación. No como etiqueta biográfica, sino como experiencia transformadora. Patty no habla desde la teoría; sino desde el cuerpo. Durante su propio proceso migratorio, decidió aplicar en sí misma las herramientas que aprendía en su formación como coach, en incluso en su hogar.

“Las herramientas del máster me las llevé a mi terreno como migrante. Yo las gestioné en mi cuerpo, y sé que funcionan”, recuerda.

Le pregunto qué conflictos emocionales específicos observa en quienes emigran, y su respuesta desarma la narrativa simplista del “todo mejora”. “Es esa lucha con la incertidumbre. Es saber quién soy, pero preguntarme quién puedo ser allí”. Esa frase resuena más allá del que ha cruzado fronteras geográficas. Migrar también es cambiar de trabajo, de rol, de versión de uno mismo. ¿Quién puedo ser en este nuevo escenario?

Pero no todo es nostalgia o frustración. También hay descubrimiento. “Yo no sabía que tenía esta resiliencia dentro de mí”, dice, recordando lo que muchas personas migrantes terminan encontrando: una capacidad que solo aparece cuando la comodidad desaparece. No todas las emociones son de baja vibración; algunas nacen de la dificultad y nos revelan una versión más fuerte.

Herencias invisibles y vínculos que pesan

El trabajo con constelaciones familiares abre otra dimensión. Muchas personas llegan repitiendo historias que no comprenden: relaciones tóxicas, abortos recurrentes, patrones de sumisión, dificultades económicas. Patty no habla de destino; habla de lealtades inconscientes. “Empiezas a hacer preguntas sobre el sistema familiar y se va abriendo el camino de comprensión”, explica.

Uno de los temas más recurrentes es la relación con los padres. “Papá es la construcción y el reforzamiento de la confianza y la autoestima, especialmente en mujeres”, afirma. Y mientras la escucho, pienso en cuántas inseguridades adultas tienen raíz en una validación que nunca llegó. El empoderamiento, palabra tan usada y tan mal entendida, no es un eslogan; es una reconstrucción.

Cuando le pregunto qué ocurre con quienes no pueden reconciliarse con su familia, su respuesta es clara y pedagógica: no se trata de forzar una relación, sino de sanar el vínculo.

“Una relación es una construcción entre dos personas. El vínculo es el hecho indiscutible de que naciste de esa madre”.

Esa distinción cambia el enfoque: no se exige reconciliación externa, sino integración interna.

Espiritualidad sin promesas mágicas

Hay un momento de la entrevista en el que decido incomodarla un poco. Le planteo que muchas propuestas del crecimiento personal parecen vender atajos. Patty no evade la crítica.

“Me preocupa cuando hay terapeutas que piensan que las soluciones son así, en un uno, dos, tres”, responde con serenidad. Y va más allá: “A mí me da miedo un curso que promete quitarte el miedo”.

Su postura no es confrontativa, pero sí firme. El miedo, insiste, es humano. La tristeza también. La herida no necesita ser arrancada a la fuerza. “Puedes mirar esa herida con amor, no necesitas retorcerte en tu propio llanto para sanar”. Esa frase resume una ética: no todo proceso debe ser dramático para ser profundo.

También marca límites claros. Cuando alguien llega con una depresión clínica diagnosticada, deriva el caso. “No me siento con los conocimientos para acompañar procesos tan complejos como una depresión médica”. En tiempos donde muchos se creen salvadores, reconocer límites es un acto de responsabilidad.

La guía también se acompaña

Hay una pregunta que considero indispensable: ¿ella misma busca acompañamiento? La respuesta es coherente con todo lo anterior. “He tenido guías, maestros, personas que me han acompañado a descubrir cosas que yo no sabía que llevaba encima”. Nadie puede limpiar sus propios lentes sin ayuda alguna vez.

Le pregunto qué exige más valentía: mirar el pasado o sostener el presente. Su respuesta me sorprende por su sencillez: “Sostener el presente es necesario, porque es lo único que tenemos”. El pasado requiere reconciliación; el presente requiere presencia. Y esa presencia, en un mundo distraído, es casi revolucionaria.

En este punto, ya no estoy solo entrevistando. Estoy reflexionando junto a ella. Porque las preguntas que le hago no son externas; son propias. ¿Estoy sosteniendo mi presente? ¿Estoy responsabilizándome de mis patrones o culpando al entorno? Esa es la verdadera utilidad de una conversación así: no entretiene, interpela.

Un camino posible

Antes de despedirnos, le pido que imagine a alguien que nos escucha y se siente perdido, repitiendo una historia que no entiende.

“La constelación es reveladora para ver de dónde viene lo que estás cargando”, dice.

Pero más allá de la técnica, su invitación es clara: mirar hacia adentro con honestidad.

En un tiempo que idolatra la velocidad, Patty propone pausa. En un mundo que vende soluciones, propone proceso. No promete que todo se arregla; promete conciencia. Y quizás eso sea lo más honesto que alguien puede ofrecer.

Salgo de la conversación convencido de algo: sanar no es borrar la historia, es comprenderla. Acompañar no es empujar, es sostener. Y el verdadero acto de amor propio no es repetir afirmaciones frente al espejo, sino atreverse a mirar lo que duele sin escapar.

Si algo deja esta conversación es una certeza tranquila: no estamos solos en nuestras preguntas. Hay caminos, hay herramientas, hay guías. Pero, sobre todo, hay una responsabilidad personal ineludible. El trabajo interno no es moda ni tendencia; es decisión.

Y esa decisión, como bien sugiere Patty Cardozo, empieza cuando dejamos de huir y comenzamos a mirar.

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