Nada fue casualidad

Carmen Escobar

Estuvimos en turbulencia durante años… y hoy, por fin, ese vuelo tomó dirección y propósito. Somos la transformación de los días pasados. Somos el nuevo papel que escriben nuestras experiencias como inmigrantes, fortaleciendo virtudes y convirtiendo debilidades en carácter.

En medio de ese cóctel de emociones, el Creador dijo:

“Mejor por separados: él en Nueva York, ella en Madrid”.

Hoy quizá no lo entienden. En unos años comprenderán que nada fue casualidad. Todo tenía un para qué.

Hoy solo siento a esa niña que admiraba a su amigo —al de la piedrita, al de los techos— porque lo veía grande y mágico. Y esa misma niña hoy vuelve a mirarte para decir: que viva la magia de la inocencia, del querer puro, del admirar desde el amor.

Y que eso ahora se multiplique por dos me confirma que no me equivoqué: llegarías lejos. Lo que jamás imaginé es que llegaríamos a este punto de inflexión donde tú serías mi norte para cumplir uno de mis grandes sueños.

Dios utiliza caminos inesperados.
Utiliza amigos de infancia.
Utiliza distancias.
Utiliza países intercambiados en sueños.

De niños faltó entender algo: no es donde quieran estar… es donde los colocaré por años para que se reencuentren y comprendan que tienen una misión.

Mis pequeños soñadores que trabajan con propósito, que quieren expandirse al mundo… recuerden siempre la fórmula:

Los planes de Dios son mejores que los nuestros.

La visualización nace del SER. La magia de lo invisible guía desde el amor. Sientan. Actúen. Confíen en su intuición —esa maestra que han desarrollado con resultados reales en su vida.

Hoy sé que nos encontramos nuevamente, mi querido hermano, para soñar despiertos y volar sin límites.

Para ayudar.
Para servir.
Para honrar lo que somos.

Comparte este artículo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Scroll al inicio