Después del estruendo

La noche llegó antes que el sueño. No porque el sol se apagara, sino porque el ruido lo empujó lejos. Primero fue un estruendo que hizo temblar el suelo, luego otro, y después muchos, como si el cielo se hubiera roto en pedazos. Yo estaba sentado junto a la pared con mi hermano pequeño, tratando de recordar cómo sonaba el silencio antes de todo esto. Mamá decía que cuando el mundo se volvía demasiado ruidoso había que cerrar los ojos y respirar despacio. Pero ahora cierro los ojos y lo único que veo es polvo cayendo, platos rotos y la puerta que ya no existe.

Desde ese día tengo hambre de una forma que no sabía que era posible. No es solo en el estómago; es en todo el cuerpo, como si la piel también necesitara comer. A veces encuentro un pedazo de pan duro o una fruta aplastada entre los restos de una caja. La comparto con otros niños que tampoco hablan mucho. Nos miramos como si todos entendiéramos lo mismo sin decirlo: que antes había risas, platos llenos y adultos que sabían qué hacer. Ahora los adultos también parecen perdidos, como si alguien hubiera borrado las instrucciones del mundo.

He visto cosas que no sé cómo explicar. Un zapato pequeño en medio de la calle. Un juguete cubierto de polvo que nadie volvió a buscar. Una mano que ya no se movía cuando la llamaban por su nombre. Tengo doce años, pero hay imágenes que se quedan pegadas dentro de mi cabeza como si fueran más grandes que yo. A veces intento pensar en la escuela, en los juegos, en el sabor del arroz caliente. Pero los recuerdos llegan rotos, como si también hubieran sido alcanzados por las explosiones.

Ahora camino solo la mayor parte del tiempo. No sé exactamente cuándo me quedé solo; simplemente un día ya no había nadie que respondiera cuando dije “mamá”. Desde entonces hablo en voz baja conmigo mismo para no olvidar cómo suena una voz humana cerca. Por la noche miro el cielo, que sigue siendo el mismo cielo de antes, y trato de entender algo que nadie me ha explicado.

Si los niños no empezamos las guerras…
¿por qué somos los que aprendemos primero a tener miedo?

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