
El Banco Mundial estimó que los daños físicos directos provocados por los terremotos alcanzaron aproximadamente 19.600 millones de dólares y que una reconstrucción con mejoras estructurales podría costar hasta 50.000 millones. Una parte significativa de los daños afectó viviendas e infraestructura pública.
Reconstruir no significa volver a colocar las mismas paredes en el mismo sitio con los mismos contratistas y las mismas irregularidades. Debe existir supervisión técnica independiente, publicación de contratos, evaluación sísmica y participación de universidades y gremios profesionales. Una tragedia de esta magnitud no puede convertirse en el próximo gran negocio de la corrupción venezolana. (Reuters)