
La reconstrucción venezolana coincide con una flexibilización de sanciones, una apertura gradual de la industria petrolera y nuevas negociaciones internacionales. Al mismo tiempo, el país enfrenta necesidades de recuperación que podrían alcanzar decenas de miles de millones de dólares.
La pregunta sigue siendo elemental: ¿cuánto produce Venezuela, cuánto ingresa y quién controla esos recursos? El petróleo no puede continuar siendo administrado como un secreto de élites. Si sus ingresos financiarán la reconstrucción, deben publicarse volúmenes, precios, intermediarios, comisiones y destino final del dinero. Un barril vendido sin rendición de cuentas también puede terminar enterrando derechos. (Reuters)